top of page

Fragmento de LAdy Mencha y las mujeres del monte.

  • Foto del escritor: Fabiana Faisal
    Fabiana Faisal
  • 10 mar 2021
  • 2 min de lectura

Las Mujeres del Monte estaban muy bien organizadas, en cada reunión llevaban un acta que el padre Greco les había enseñado a confeccionar a las que sabían escribir, eso ya lo estaban solucionando con las clases que daba la hermanita Clara, que venía de Vera junto con voluntarias a dar clases de escritura y lectura, también corte y confección, que era lo que más atraía a las mujeres, aunque estaban aquellas que habían encontrado en la cestería una nueva ocupación. Los problemas más urgentes eran los de aquellas mujeres que vivían en los obrajes, eran pocas las que se animaban a desafiar la autoridad de sus hombres, que consideraban esas reuniones peligrosas para ellos, por todo lo que había pasado con las huelgas y los anarquistas. Se repetían siempre las mismas peticiones: las enfermedades que asolaban los parajes y obrajes. Muchas mujeres morían en los partos, no había medicinas, ni vacunas para los niños. Los contratistas elevaban demasiado el precio de los víveres, pero lo peor era la desaparición de las jóvenes y niños.

—La hija menor de la correntina vino al pueblo en la zorra la semana pasada y hasta hoy no volvió, dicen que se escapó con uno, pero eso no es cierto, tiene catorce años y es remiedosa de la madre… esa no se fue con nadie, a esa se la llevaron —dijo una de las mujeres que venía del obraje.

El murmullo entre ellas se hacía más intenso, no era un secreto para nadie que las jóvenes desaparecían al igual que los niños sin que nadie tomara cartas en el asunto.

—Del comisario, ni esperar y menos de la empresa. ¿A quién le importan las menchas del monte? —acotó otra, mientras cebaba un mate.

—El hablar, el reclamar es su derecho —dijo Fausta poniéndose de pie—. Créanme, sé lo que les digo, las mujeres hemos sido calladas siempre, nos han enmudecidos con golpes, con miedo, sin derechos, pero eso está cambiando, pero los cambios dependen de nosotras, de unirnos, de trabajar juntas y apoyarnos. Sí, es cierto, el hombre tiene el poder hoy, porque así está organizada la sociedad… el mundo, pero en el mundo, y aquí, en nuestro propio país, hay mujeres que se están haciendo escuchar, pero hay que hacerlo con inteligencia. Las mujeres debemos levantarnos de los golpes, salir de la oscuridad, dejar de creer que, porque somos del monte, somos brutas, esas ideas nos las meten en la cabeza para mandarnos. Somos personas que debemos tener iguales derechos y oportunidades, llevará tiempo, pero no es imposible… yo creía lo mismo que ustedes, yo… — miró al padre Greco, quien asintió con seguridad—. Yo fui del monte, y muchos no lo creerán, pero así fue, orgullosa de haberlo sido, la vida me dio oportunidades, me quitó otras y es demasiado larga la historia para contárselas, pero yo no soy estás ropas que llevo, ni el dinero que poseo, no soy la mujer “de”, yo soy “yo” y me han costado muchas lágrimas y sangre serlo. Por eso, queridas y grandes mujeres, nunca bajen la cabeza, ni sientan vergüenza si las llaman menchas, ustedes son las “grandes señoras del monte”.

 
 
 

Comentarios


bottom of page